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jueves, 18 de junio de 2015

19+1 razones por las que te recordarán tus alumnos

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A lo largo de nuestra vida son pocas las personas que nos han dejado una huella imborrable. Si volvemos la vista atrás y nos ponemos a pensar qué personas han mejorado o han transformado e incluso inspirado nuestras vidas, nos damos cuenta de que en muchas ocasiones se pueden contar con los dedos de una mano. Pero entre estos dedos estoy seguro que muchos de nosotros tenemos a algunos de los docentes que nos han impartido clases en nuestra infancia, juventud, adolescencia e incluso en nuestra vida adulta. Son profesores que nos han llegado muy adentro y a los que nos gusta recordar porque nos han hecho o nos han ayudado a ser lo que somos.

En este sentido el artículo de hoy quiere mostrados algunos de los aspectos que a mi modo de ver resultan imprescindibles si queremos formar parte de ese selecto grupo de personas que han transformado una vida.

¿Por qué 19+1 razones te recordarán tus alumnos?

1. Por tu vocación. Siempre he defendido la idea de que la docencia es una profesión claramente vocacional. Los docentes vocacionales son aquellos que no viven sólo de su trabajo, sino que hacen de su trabajo una parte esencial de sus vidas, porque viven la profesión día a día, sesión a sesión.
2. Por tu dedicación. Ser docente exige una enorme dedicación. Aquellos que entendemos la docencia como un modo de vida, somos conscientes de que nuestro oficio no acaba con las sesiones lectivas. Todo lo contrario. Muchas son las horas que pasamos en nuestras casas y en nuestros centros intentando ser mejores docentes, reinvéntandonos y formándonos constantemente.
3. Por tu proximidad. Para mí la cercanía de un docente con sus alumnos es un factor fundamental a la hora de dejar nuestra huella en esta profesión. Y reconozco que no es algo fácil. En mi caso creo que debemos ser personas cercanas y accesibles y hacer ver a nuestros alumnos que les acompañamos en su proceso de enseñanza-aprendizaje.
4. Por tu empatía. No hay profesor que deje huella en sus alumnos que nos sea empático. Tener la capacidad de ponerse en la piel del otro es una cualidad que desde siempre he valorado enormemente en esta profesión. De hecho, ser empático tiene mucho que ver con ser cercano y accesible. Sobre la empatía os recomiendo la lectura del artículo 5 consejos para aumentar la empatía de tus alumnos.
5. Por saber escuchar. Los profesores que no se olvidan son aquellos que no oyen, sino que escuchan. El buen docente es aquel que en lugar de oír a sus alumnos es capaz de escucharlos, y de escucharlos de forma activa, mirando al alumno a los ojos, dejando lo que estaba haciendo para centrarse en ese alumno, asintiendo con la cabeza para demostrarle que lo que ese alumno le está diciendo a nosotros nos importa tanto como a él.
6. Por ser resilente. Es inevitable que a lo largo de nuestra trayectoria como docentes nos hayamos topado en algún momento con algún hecho que ha afectado negativamente a un alumno o a un grupo. La enfermedad, la marcha de un compañero, la pérdida de algún amigo, la muerte de un familiar… Son momentos en los que los docentes debemos mostrar más que nunca nuestra capacidad de ser residentes, de mostrar nuestra capacidad de poder superar entre todos los momentos difíciles, hacerles frente y hacerlo con la mayor honestidad posible. El buen docente hace de estas circunstancias una gran oportunidad para enseñar a sus alumnos lo que la vida les deparará fuera de las paredes de un aula.
7. Por dar ejemplo. En muchas ocasiones no somos conscientes de la influencia que ejercemos en nuestros alumnos.  Son muchos los momentos que pasamos con ellos. Es por ello que debemos tener muy en cuenta en todo momento que nuestra forma de ser, de vestir, de ver el mundo, de comportarnos debe ser en todo momento ejemplar, porque de nuestros actos se nutrirán muchos de nuestros alumnos en un futuro.
8. Por ser amable. Siempre he tenido claro que nunca hay que enseñar desde el miedo, sino desde el respeto y la amabilidad. Muchas veces enfocamos de una forma errónea lo que se enciende por respeto. El respeto se puede enseñar de muchas formas, y la más efectiva se centra en cómo tratamos nosotros a nuestros alumnos. Si enseñamos desde el miedo, no nos ganaremos su respeto, sino su miedo. Por el contrario, si somos capaces de enseñar desde la cortesía y la amabilidad, les daremos a conocer una pauta de actuación que les servirá también fuera de su centro escolar.
9. Por ser divertido. Siempre les digo a mis alumnos que nunca hay quereírse de, sino reírse con. Siempre he defendido la risa y la diversión como un arma tremendamente efectiva a la hora de enseñar. La diversión en el aula, el saber reírse con, es una forma de rebajar la tensión en el aula, de realizar una transición entre una actividad y otra, de crear un clima de trabajo distendido, de conocernos mejor entre todos. Se puede y se debe enseñar divirtiendo.
10. Por enseñar a aprender. Cada vez tengo más claro que los docentes estamos en las aulas no para enseñar, sino para que nuestros alumnosaprendan a aprender. Fomentando el trabajo cooperativo lo que haremos es sustituir la clase magistral en la que sólo el docente enseña, por una clase cooperativa, en la que todos aprendemos de todos, empezando por nosotros mismos.
11. Por ser creativo. Think different fue el eslogan que la compañía Apple lanzó en 1977. Es un eslogan que me gusta tener presente en mis clases, porque simple he defendido la idea de que siendo creativos, podremos enseñar a nuestros alumnos a ser diferentes a ser especiales a ser ciudadanos excepcionales. Aquí teneís una versión reducida de lo que nos querían transmitir con su mensaje el eslogan de la marca Apple:
“Por los locos. Los marginados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los inadaptados. Los que ven las cosas de una manera distinta. A los que no les gustan las reglas. Y a los que no respetan el “status quo”. Puedes citarlos, discrepar de ellos, ensalzarlos o vilipendiarlos. Pero lo que no puedes hacer es ignorarlos… Porque ellos cambian las cosas, empujan hacia adelante la raza humana y, aunque algunos puedan considerarlos locos, nosotros vemos en ellos a genios. Porque las personas que están lo bastante locas como para creer que pueden cambiar el mundo, son las que lo logran.”




12. Por saber adaptarse. Los docentes vamos superando curso académico tras curso académico. Vamos haciéndonos mayores, pero nuestros alumnos siempre tienen la misma edad. Es por ello que resulta fundamental que con el paso de los años tengamos la capacidad de adaptarnos a los que nos pide la sociedad, porque esta adaptación nos permitirá entender y conectar mucho mejor con nuestros alumnos.
13. Por ser coherente. Todos sabemos el sentido de la justicia que tienen nuestros alumnos. Pues bien, este sentido de la justicia también debe aplicarse a nuestro día a día en las aulas. Creo que no hay mejor forma de ganarse el respeto de nuestro alumnos que no sea siendo coherentes con lo que somos y lo que transmitimos.
14. Por saber integrar. No existe una Educación que no pase por la defensa de una Educación Inclusiva. Y no hay docente que sea capaz de dejar huella que no sea sensible a la defensa de una Escuela en la que todos los alumnos, sin excepciones, tienen cabida. Porque incluso de ellos nosotros tenemos mucho que aprender.
15. Por saber inspirar. Si enseñamos a aprender, entonces seremos capaces de inspirar. Y si somos capaces de inspirar, será entonces y sólo entonces cuando dejemos una huella imborrable en nuestros alumnos.
16. Por no rendirse. Muchos son los días que no nos planteemos por qué hemos elegido esta profesión. El desgaste físico y emocional es enorme y nos hace plantearnos si hemos elegido correctamente. Yo os digo que dudar de nuestra profesión es un aspecto enormemente positivo, porque la duda al final nos hace más fuertes y nos da la convicción  deque somos una pieza clave para cualquier pueblo, para cualquier sociedad.
17. Por motivar. Hay una expresión que me gusta mucho aplicar en mis sesiones lectivas y es la del refuerzo positivo incondicional. Creo que motivar a nuestros alumnos pasa por explotar al máximo sus capacidades. por transmitirles seguridad, por hacerles creer ni que sea por un instante que ese es su momento, que son especiales. Dad a vuestros alumnos gratitud y os la devolverán por duplicado.
18. Por recordar. No hay buen profesor que se preste que no tenga buena memoria. Recordar los pequeños detalles, las anécdotas, las confidencias que nos han transmitido nuestros alumnos tiene un enorme valor para ellos y debemos ser capaces de aprovecharlo para calar en sus corazones.
19. Por orientar. Este apartado va dirigido especialmente a los tutores que con su esfuerzo y dedicación se entregan a sus tutorandos. La acción tutorial es un elemento clave a la hora de mostrar lo mejor de nosotros, de demostrar lo mucho que nos importan nuestros alumnos. La tutoría se ha convertido en una oportunidad excelente de tender puentes entre la Escuela y la Familia y los tutores somos la pieza clave para que en este puente los alumnos puedan caminar desde la ayuda y la confianza.
20- Por..
He querido dejar esta última cualidad para que seas tú esta vez que decidas qué crees que hace que un profesor deje huella en sus alumnos. No dudes de que estaré encantado de escucharte.

Espero que este artículo os haya sido de utilidad.

jueves, 20 de noviembre de 2014

De una maestra a los padres: sobre ESE niño que pega, interrumpe e influencia a tu niño...

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Hace unos días llegó a mis manos este artículo, escrito por Amy Murray, la directora de educación infantil en la Calgary French & International School en Canada. Me tocó muy de cerca. Ese niño, el que pega, el que interrumpe, el que molesta… es, muchas veces, alguno de mis hijos. Ojalá sus maestros hubieran tenido la mirada de la maestra que escribió esta carta.



Queridos padres:
Lo sé. Estáis preocupados. Cada día, vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más terrible palabrota en la clase de gimnasia.
Os preocupa que ESE niño desmerezca el aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el lápiz. Lo sé.
Vuestro hijo, este año, en esta clase, a su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.
Fijaos, me preocupo todo el tiempo. Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa chiquitina, y porque hay otro que lleva siempre la caja del desayuno vacía. Me preocupa que la chaqueta de Gavin no abrigue lo suficiente, y porque el padre de Talitha le grita por dibujar la B del revés. La mayoría de mis desplazamientos en coche y duchas las dedico a estas preocupaciones.
Pero, lo sé, quereis hablar sobre ESE niño. Porque la B invertida de Talitha no le va a poner un ojo morado a vuestro hijo.
Yo también quiero hablar de ESE niño, pero hay muchas cosas que no puedo contaros.
No puedo contaros que le adoptaron en un orfanato a los 18 meses.
No os puede decir que está haciendo una dieta para descartar alergias alimentarias, y que tiene hambre TODO EL TIEMPO.
No os puedo contar que sus padres están en medio de un horrendo divorcio, y que está viviendo con su abuela.
No puedo contaros que empieza a preocuparme que la abuela beba…
No te puedo contar que la medicación para el asma le agita.
No puedo contaros que su madre es monoparental, y por esto entra en el colegio cuando abre la acogida matinal y se queda hasta la acogida vespertina, y después el viaje hasta casa les lleva 40 minutos y por esto duerme menos que muchos adultos.
No puedo contaros que ha sido testigo de violencia doméstica.
De acuerdo, decís, entendeis que no puedo compartir información personal o familiar. Sólo queréis saber qué estoy HACIENDO al respecto de su comportamiento.
Me encantaría decíroslo. Pero no puedo.
No puedo contaros que va a logopedia, que han descubierto un retraso severo del lenguaje y que los terapeutas piensan que las agresiones tienen que ver con la frustración por no ser capaz de comunicarse.
No puedo contaros que me veo con sus padres CADA semana, y que ambos habitualmente lloran en estas reuniones.
No puedo contaros que el niño y yo tenemos una señal secreta con las manos para que me diga cuando necesita sentarse solo un rato.
No puedo deciros que pasa el descanso acurrucado en mi regazo porque “me hace sentir mejor oír tu corazón, señu”.
No puedo contaros que he estado rastreando meticulosamente sus incidentes agresivos durante 3 meses, y que se han reducido de 5 incidentes al día, a 5 por semana.
No puedo contaros que la secretaria del colegio ha aceptado que le mande a su despacho a “ayudarla” cuando me doy cuenta de que necesita un cambio de escenario.
No puedo contaros que me he puesto de pie en una reunión de docentes y que, con lágrimas en mis ojos, les he ROGADO a mis compañeros que le echen un vistazo extra, que sean amables aunque se sientan frustrados de que haya vuelto a pinchar a alguien, y esta vez, JUSTO DELANTE DE UN PROFESOR.
El asunto es que hay TANTAS COSAS que no puedo contaros sobre ESE niño. Ni siquiera lo bueno.
No puedo contaros que su trabajo en el aula es regar las plantas y que lloró con el corazón roto cuando una de las plantas no sobrevivió a las vacaciones de Navidad.
No puedo contaros que despide a su hermanita con un beso cada mañana, y le susurra “eres la luz de mi vida”, antes de que mamá se aleje con el carrito.
No puedo contaros que sabe más sobre tormentas que muchos meteorólogos.
No puedo contaros que a menudo se ofrece para sacar punta a los lápices durante el recreo.
No puedo contaros que estruja al pelo de su mejor amiga en el descanso.
No puedo contaros que, cuando algún compañero llora, cruza el aula para ir a buscar su cuento favorito desde el rincón de las historias.
El asunto es, queridos padres, que solo puedo hablaros de VUESTRO hijo. Así, lo que os puedo decir es esto:
Si nunca, en cualquier momento, VUESTRO hijo se convierte en ESE niño…
No compartiré vuestros asuntos personales con otros padres de la clase.
Me comunicaré con vosotros con frecuencia, y con amabilidad.
Me aseguraré de que haya pañuelos cerca en nuestras reuniones, y si me dejais, os sujetaré la mano mientras lloráis.
Defenderé que vuestro hijo y vuestra familia reciban los servicios especializados de mayor calidad, y cooperaré con estos profesionales en la mayor medida posible.
Me aseguraré de que vuestro hijo reciba amor y mimos extras cuando más lo necesite.
Seré la voz de vuestro hijo en la comunidad escolar.
Seguiré, pase lo que pase, buscando y descubriendo, todas las cosas buenas, asombrosas, especiales y maravillosas de vuestro hijo.
Os recordaré a él y a VOSOTROS de estas cosas buenas asombrosas especiales maravillosas, una y otra vez.
Y cuando otro padre se acerque, con quejas sobre VUESTRO hijo…
Le contaré esto, una y otra vez.
Con mucho cariño,

La maestra.

martes, 23 de septiembre de 2014

TRAZO DE LAS LETRAS MINÚSCULAS.(VOCALES)

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Os dejo la realización del trazo de las vocales en minúscula enlazadas...

LA A/a



LA E/e

LA I/i


LA O/o


LA U/u


sábado, 30 de agosto de 2014

EMMA VA AL COLEGIO....(LA VUELTA AL COLE)

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Ya nos queda poco para dar comienzo un nuevo curso cargado de nuevas ilusiones, juegos y muchísimos parendizajes pero los primeros días suelen ser duros para todos, especialmente para ellos, los verdaderos protagonistas de este viaje, por eso quiero compartir con vosotros este maravilloso cuento que nos va a hacer un poquito más fácil la vuelta al cole...

La vuelta al cole, el primer día de clase suele ser duro para muchos niños. Emma descubre un secreto para tener a sus padres cerca de ella. Editorial SM, autora Susie Morgenstein, ilustración de Séverine Cordier. Recursos educativos para padres y profesores. Narra Beatriz Monterohttp://www.beatrizmontero.com


 

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿QUE DEBE SABER UN NIÑO DE 4 AÑOS?

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¿QUE DEBE SABER UN NIÑO DE 4 AÑOS?
Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque 

sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. "¿Qué debe saber un niño de cuatro años?", 
preguntaba.


Las respuestas que leí me llamaron mucho la atención. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que 
sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras 
presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a 
páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se 
desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.
Pensé que probablemente la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más 
preocupación. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han 
convertido en trofeos de los que presumir. Pero atención!!! La infancia no debe ser una carrera que arroja 
por resultado niños ganadores y niños perdedores.
Alicia Bayer, una mujer norteamericana que se interesa por los temas de infancia y educación, hace una lista 
de aquellas cosas importantes que debe saber un niño/a de 4 años. Me pareció hermosa y la comparto:
1.Debe saber que lo quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento.
2.Debe saber que está a salvo y además cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en 
distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca 
tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y
 que su familia siempre lo va a apoyar.
3.Debe saber reír y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color 
naranja o dibujar gatos con seis patas.
4.Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece 
nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y 
dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
5.Debe saber que el mundo es mágico y él también. Debe saber que es fantástico, listo, creativo, compasivo
 y maravilloso. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y 
casitas de cuentos de hadas es tan importante como aprender los números. Mejor dicho, mucho más.
Pero más importante es lo que deben saber los padres:
1.Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en 
absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.
2.Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro no son los 
manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes caros, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día
 o cada noche (o ambos) a compartir momentos de juego, lectura, dibujos y risas con sus hijos.
3.Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan 
obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las "ventajas" que lo que les estamos dando son unas 
vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos 
ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.
4.Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y, lo más importante, 
libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de 
nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes creativos como los LEGO
 y los de encastre, una buena cantidad de témperas y plastilinas, los instrumentos musicales, los disfraces, y
 libros y más libros. Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, amasar pan y ponerlo todo 
perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo 
salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.

5.Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de 
nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que 
todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de 
vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para 
padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes 
dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades 
extraescolares, las clases de ballet, fultbol e ingles mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. 
Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas 

madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan 

tonterías con 
ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo 
vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y 
trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta 
verdaderamente estar con ellos.
..............................................................................................
Mucho para reflexionar como padres, educadores, o desde el lugar que nos toque en contacto con uno de 
los tesoros más preciosos: LA INFANCIA.
Lic. Miriam I Martínez

martes, 20 de mayo de 2014

LOS MIEDOS INFANTILES

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Desde Educapeques nos traen pautas acerca de una de las etapas presentes en el desarrollo del niñ@ y universales, más allá de las distintas culturas ,y naturales dada su índole evolutiva..LOS MIEDOS INFANTILES. Teniendo en cuenta que estamos en el periodo de edad propicio para que aparezcan o se estén dando en nuestros peques quiero compartir con vosotros esta información que a buen seguro os va a ayudar...

Miedos y fobias infantiles

Los miedos y fobias infantiles son naturales y universales, ocurren como algonormal en el desarrollo del niño. Los niños no entienden el mundo que les rodea y esto les crea incertidumbre y  miedo.   Pero los miedos pueden ser perjudiciales, por ello debemos prestar atención a los miedos de los más pequeños.

Tipos de miedos

Los miedos de los niños van variando a medida que crecen.
  • El principal miedo de todos los niños, es el miedo a separarse de sus padres, el miedo al abandono. No comprenden el mundo y  sus personas de apego les aportan seguridad y calma
  • Toda situación que suponga un cambio también les produce miedo. Ante este mundo desconocido para ellos, necesitan estabilidad y rutinas.
  •  El miedo a lo desconocido, es común a todos los niños y en general a todas las    personas. Ante cosas y     situaciones desconocidas es fundamentaltransmitir tranquilidad al niño.
  • Existen otro tipo de miedos que los niños aprenden que les son transmitidos  por  su personas mas cercanas. Es importante prestar atención a nuestros propios miedos para no enseñárselos al niño.
  • Fobias especificas, como miedo a la oscuridad, a los monstruos, a algún animal, etc.    Estas fobias son parte normal del desarrollo, pero pueden convertirse en algo problemático, por ello es fundamental, acompañar al niño para afrontar estos miedos, empleando juegos, humos, hablando con ellos de manera que les ayudemos a desmitificarlo.

PAUTAS PARA AYUDAR A SUPERAR LOS MIEDOS

  • Muestra tranquilidad  y  transmítesela, no le demuestres preocupación y/o angustia. El niño mediante modelado (imitación) interioriza los patrones que ve en su familia. Si mostramos tensión, le enseñamos al niño a tener tensión.
  •  No  fuerces  al  niño  a las situaciones, cosas y objetos que teme. Elabora un  plan  de  acercamiento progresivo.
  •  Utiliza tu ejemplo, enseña al niño que no pasa nada en esas situaciones que teme.
  •  Nunca ridiculices al niño y respeta sus temores.
  • Si el niño es pequeño (1 a 4 años) emplea algún cuento inventando algún objeto concreto que le ayude a superar ese miedo (recuerda la pluma de Dumbo).
  • Cuando avance su nivel de desarrollo (5 a 9 años).  Acompáñale y ayúdale a enfrentarse a los miedos, utiliza el juego y el humor (si tiene miedo a la oscuridad, juega con él encendiendo y apagando la luz) de esta forma se desmitifican los miedos.
  •  Con niños más mayores (9 en adelanteImplícale , haz que sienta que no tiene sentido sentir miedo antdeterminadas cosas. Habla y razona con el para queopine y busque soluciones.
Celia Rodriguez Ruiz y Educapeques

También y desde la página GUÍAINFANTIL.COM, realizan un monográfico acerca de los miedos infantiles y como atajarlos desde las primeras edades..

Los miedos infantiles. Miedos en los niños

Los miedos son sentimientos totalmente normales en los niños y bebés


Si tu hijo sufre por algún miedo es muy importante transmitirle tranquilidad, seguridad y ayudarle a superarlos con mucho cariño y comprensión. De una forma general, los miedos suelen aparecer en edades comprendidas entre los 3 y los 6 años, cuando el niño aún no entiende el mundo que le rodea y no es capaz de separar lo real de lo imaginario. 
Algunos miedos llegan a ser perjudiciales para el desarrollo del niño, sin embargo hay otros que le enseñan a ser mas precavido. Según algunos investigadores, los miedos aparecen y desaparecen, cambian a medida que el niño va creciendo y es capaz de superarlos cuando reconoce poco a poco la realidad. Se debe tener en cuenta que no se puede acabar con todos los miedos porque estos también permiten al niño entender el mundo.

Cuándo aparece el miedo en los niños

Muchos de estos miedos se ven inducidos por el ambiente externo y otros están fundados en experiencias negativas en casa o fuera de ella. Estos últimos pueden servir a los padres como alarma para identificar situaciones de maltrato o abuso a su hijo. Uno de los miedos infantiles más habituales es el miedo al abandono en general, reflejado en los primero días de escuela o en la separación de los padres. También son frecuentes los temores  a las personas extrañas, a objetos raros, a los ruidos fuertes, a la muerte o a la oscuridad.

Lo que no debes hacer cuando tu hijo sienta miedo

No debemos ignorar los miedos de los niños y sí ayudarles a superarlos

s tan importante saber lo qué hacer cuando los niños sienten miedo como lo que no se debe hacer. Para que los niños superen sus miedos, la actitud de los padres es esencial. Corresponde a los padres respetar, comprender y buscar entender los miedos de sus pequeños.
Los miedos infantiles son inevitables pero si el niño cuenta con el apoyo y la paciencia de sus padres, el miedo sólo será una palabra de 5 letras. Es necesario que el niño sienta confianza en alguien sí controlables si el niño cuenta con la confianza y la ayuda de sus padres y cuidadores

Cómo ayudar al niño a superar sus miedos

Sigue algunos consejos y recomendaciones para que los niños superen los miedos con la ayuda y la orientación de los padres:
- No asuste a tu hijo con historias de ogros, de fantasmas, de brujas, etc., principalmente antes de acostarle. Tienes que decirle que estos personajes solamente existen en los cuentos y películas...
- No te rías de los temores que tu hijo expresa. Si ridiculizas o burlas de su miedo disminuirá su confianza. Frases como No seas tonto, niños como tu no deben tener miedo de eso, o No tienes vergüenza de tener estos miedos..., no contribuirán para disminuir el temor que él siente. Al revés, le desanimará a compartir sus temores contigo.
- No transmita mas miedo a tu hijo del que ya tiene. Él necesita tener su seguridad y confianza. No ignore sus miedos. No le mienta, por ejemplo, diciéndole que una inyección no le dolerá o algo parecido. Si mientes sobre una situación de miedo le producirá más temor. Ayúdale a prepararse para enfrentar la situación con la verdad y con honestidad. Si tu hijo tiene miedo de irse al colegio, oiga sus razones, llévalo de visita a la escuela, enséñale su clase y habla sobre lo mucho que irá aprender allí.
- No obligues a tu hijo a pasar situaciones que él teme. Los miedos no se superan enfrentándose a la situación de una vez por todas. En lugar de ayudar, algunas veces esto intensifica el miedo. Tu hijo tiene el derecho de acostumbrarse poco a poco a situación que él teme. No le obligues ver una película de la cual él tiene miedo, o que acaricie a un perro que no le gusta, o que se monte en una montaña rusa cuando vayan a un parque de atracciones.
- No transmita sus temores personales hacia tu hijo. Si tienes miedo a las arañas, tu hijo puede sentirlo. La forma en que enfrentas tus propios miedos le da a tu niño el patrón a seguir para enfrentar situaciones similares. El miedo también se aprende.
- No le llames de cobarde o infantil a tu hijo si se muestra temeroso ante cualquier situación. No le ridiculices. Eso no le ayudará en absoluto. Le hará sentirse inseguro, necesitado de cariño, solitario y sin comprensión.
- No le obligues a afrontar su miedo en solitario. Este es un tremendo error. Nunca obligues a tu hijo a entrar a oscuras en su habitación si no quiere hacerlo. Provocarás un aumento de su ansiedad y contribuirás a alargar ese miedo e incluso a perpetuarlo. Además, el sentimiento de no ser capaz de afrontar la situación no le dejará sentirse orgulloso de sí mismo.
- No le des demasiada importancia. Si cada vez que veas un perro te interpones entre tu hijo y el animal e insistes en que tu le defenderás, el niño acabará pensando que todos los perros son realmente peligrosos y no podrá superar su miedo.
- No ignores los miedos de tu hijo. Si así lo haces, el niño se sentirá perdido y solo. No encontrará la forma de enfrentarse al problema y percibirá por tu parte desinterés y falta de cariño y de atención.

Miedo a la oscuridad

Sin la debida atención los miedos a la oscuridad pueden convertirse en fobias

El miedo es una reacción de protección del organismo para huir de las situaciones que se entienden como peligrosas. Uno de los miedos más vividos y sufridos por los niños, principalmente entre los 3 y 8 años de edad, es el temor a la oscuridad. No se conocen las causas, pero todo puede estar relacionado al conocimiento propio del desarrollo infantil. El miedo a la oscuridad puede nacer después de que el niño haya escuchado algún cuento, visto una película u hojeado algún libro. Una imagen, una experiencia o simplemente la imaginación, puede despertar el miedo a la oscuridad en los niños.
Otro motivo que puede causar miedo a los niños es un cambio de casa. La nueva habitación puede despertar su imaginación hacia lo desconocido. El miedo a la oscuridad, normalmente, aparece a la hora de dormir. Cuando un niño pide a sus padres que no le apaguen la luz, puede estar queriendo alargar su día y también desear no tener miedo de estar en la oscuridad.

Por qué les asusta la oscuridad?

Los niños suelen relacionar la oscuridad con la soledad y el desamparo. También, la poca visión hace volar la imaginación y sospechar que la oscuridad esconde a personas desconocidas o monstruos debajo de su cama, dentro de su armario o detrás de las cortinas de su habitación. Un simple ruido puede representar una nueva amenaza, que viene de algún fantasma o de otra criatura de su imaginación. En muchos casos, la oscuridad representa el fin del día, el término de las actividades y de los juegos. Cuando llega la oscuridad, los padres se van y ya no se puede leer ni jugar, ni hacer nada divertido. En ese caso, no se trata de miedo y sí de inquietud por lo que ya no puede hacer, por la impotencia.

Soluciones contra el miedo a la oscuridad

Cuando los padres identifican que el rechazo de su hijo está relacionado al fin de las actividades, porque lo que quiere es seguir jugando y estar con sus padres, no existe otro remedio que ser firmes. Es la hora de irse a la cama y despedirse con un beso. El niño acabará aprendiendo que sus excusas no funcionan y se dormirá. En el caso de que los padres valoren que su hijo tiene miedo y está muy asustado, no se debe menospreciar la situación. En este caso, se debe hablar con el niño, demostrarle cariño y comprensión. Conviene prestarle un poco más de atención, contarle un cuento alegre y positivo o charlar sobre las experiencias del día. Le ayudará a distraerse hasta que concilie el sueño. Las pequeñas luces en los enchufes de las paredes o las lámparas de luz tenue son una buena solución para que el niño no esté en total oscuridad y suele dar buenos resultados. Otra alternativa es regalar al niño un muñeco o un peluche que le haga compañía o que necesite de su cuidado, pues le ayudará a sentirse más arropado. Para que el niño se sienta más seguro, no cierres las puertas de las habitaciones o deja alguna luz encendida como la de un pasillo, por ejemplo.

Jugar en la oscuridad para combatir el miedo

Algunos expertos en temas de sueño recomiendan jugar en la oscuridad durante el día, con las persianas de la habitación bajadas. De esta forma, se desmitifica la oscuridad como tal y el niño se familiariza con la ausencia de luz. Esta actividad permite al niño disfrutar con juegos como las sombras de los dedos en la pared, la búsqueda de cosas escondidas o las adivinanzas sobre lo que está tocando y no ve. Inventar secretos para acabar con los monstruos también ayuda al niño a dominar el miedo a la oscuridad. Otra sugerencia sería tranquilizar al niño antes de que se vaya a la cama. Un cuento, una ducha, una canción o una música tranquila pueden ayudar a que se relaje. A los niños les encanta el masaje también. Nada más favorable y relajante. Solamente en los casos más graves, cuando el miedo ya impide que el niño duerma las horas necesarias para su bienestar o cuando no funcionen ninguna de las alternativas mencionadas, es recomendable la ayuda y la orientación de un psicólogo.

Los miedos de los niños según su edad

El miedo en la infancia es evolutivo. Entrevista a la psicóloga Silvia Álava


ener miedo es algo común en los niños. Los miedos de los niños son evolutivos, es decir, van cambiando según la edad del niño y esto da lugar a que no se tenga miedo a las mismas cosas a medida que los pequeños van creciendo. La clave está en aprender a superarlos cada uno en su momento y a la edad a la que aparece, evitando que se queden estancados y que el niño vaya acumulando miedos a lo largo de su crecimiento. 
La psicóloga Silvia Álava, coordinadora de la Sección Infantil del Centro de Psicología Álava-Reyes Consultores, ayuda a los padres a entender los miedos de los niños y nos ofrece excelentes consejos para superar el miedo.

Un miedo para cada edad de los niños


Los miedos crecen con los niños. ¿De qué tienen miedo los niños según la edad que tengan?Hay edades en las que evolutivamente hablando es normal tener miedo. Los niños a los dos, cuatro o incluso los seis años pasan por una etapa de miedos. Muchas veces, por ejemplo, es muy común el miedo a la oscuridad. Los padres tienen que saber que es algo normal y que muchas veces lo podemos arreglar poniéndoles una lucecita en su habitación, que proyecte una luz indirecta. Lo que no podemos hacer es reforzar ese miedo. Conviene tranquilizarle y ponerle la luz... sin entrar en que venga a dormir con nosotros a nuestra cama, porque lo que ocurriría es que la ganancia secundaria de ese miedo se hace tan fuerte que vamos a conseguir que se prorrogue durante el tiempo, y aumente incluso la intensidad.
¿Cuáles son los miedos evolutivos y a qué edad se producen?A los seis meses, el niño ya empieza con elmiedo a los extraños. Empieza a extrañar a su adulto de referencia, que generalmente, es su mamá. Por eso, hay niños que hasta entonces habían estado como muy contentos de pasar de mano en mano, y de repente cuando no está con su mamá, se ponen a llorar o se remueven un poquito más. A partir de los seis meses comienza el miedo a los extraños y el niño empieza a extrañar a los padres cuando no están. Por eso, es bueno que los niños salgan de la habitación de los padres por la noche en torno a los cinco meses, para que cuando se despierten, no extrañen tanto a sus figuras de referencia, a la mamá y al papá.
En torno a los dos años, surge un cierto miedo de 'abandono'. Cuando al niño le dejas en laguardería con dos años, a veces se queda un poquito más intranquilo porque es como '¿Pero seguro que me van a venir a buscar?'. Entonces, lo más probable es que el niño se angustie un poquito, se quede llorando, y a los cinco minutos ya se le ha pasado, se pone a jugar, ya está felizcon el resto de los niños... y luego cuando vamos, su profesora o sus educadores nos dicen: '¡Qué va!, si saliste por la puerta y estuvo todo el rato jugando'. Entonces, tampoco habría que darle más importancia. El problema lo tendríamos con un niño que vemos que ya ha pasado ese periodo de adaptación, ese periodo de miedo o de angustia de separación y no empieza a tener claro que su padre va a volver y se tira toda la mañana llorando. Ahí hay que valorar que no pueda haber otro problema.
A los cuatro años, puede aparecer el miedo a la oscuridad. No hace falta que nos pongamos muy tajantes de 'Tienes que dormir con la luz completamente apagada y con la persiana bajada'. No pasa nada por dejarles una pequeña luz indirecta, de hecho además venden muchas lucecitas de las que se pueden poner en un enchufe, o una pequeña lamparita por la noche, que proyecte una luz que sea una luz indirecta que simplemente al niño le de un poquito de seguridad porque no está totalmente a oscuras. Según el niño va creciendo, él mismo nos va a decir un día: 'mamá, papá, ya soy mayor, no necesito la luz'. 
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